El Pandora 342
En el verano de 1998 un cliente nos llamó con una petición inusual, estaba retornando de Punta del Este hacia Buenos Aires cuando se vió envuelto en una tormenta fuerza 6 navegando su velero Pandora 342. Buscó refugiarse entrando al Río Santa Lucía, pero la tempestad lo arrojó sobre la Isla del Tigre y cuando arrancó se dio cuenta que estaba varado a mas de 200 metros de la costa. La operación de rescate fue estudiada cuidadosamente y se descartó la posibilidad de utilizar cualquier tipo de maquinaria ya que las mismas no podían acceder a la isla y su costo sería impensable.
El equipo del astillero hizo frente a la situación trasladó la embarcación hasta el agua sin la ayuda de anguileras, grúas o guinches pero si con mucho ingenio y trabajo de equipo. Lo que se hizo fue una cama de madera y se movió sobre polines y rolos con la fuerza de un malacate manual.
Travesía
En diciembre de 1996 un cliente nos solicitó que trasladáramos su embarcación desde el Puerto de Punta del Este hasta Río de Janeiro. Se trataba de un kech de 30 metros de eslora y casco de cedro cuyo peso superaba las 100 toneladas. Luego de extensas preparaciones y prácticas, zarpamos con una tripulación de 3 profesionales de Suiza, el propietario e integrantes del equipo de Astillero Santa Lucía.
Al dejar por babor, el faro de Punta del Este nos encontramos con olas que superaban los 3 metros y vientos fuerza 7 que continuaron durante días y que provocaron olas de hasta 5 metros y forzaron a tener que izar velas para evitar golpear el casco, trazando un rumbo que nos alejó hasta 200 millas de la costa de Río Grande.
La tormenta provocó perdidas de liquido hidráulico que afectaron la rueda del timón y por ende al piloto automático, además comenzó a entrar agua y había que secar la sentina cada 30 minutos para que no llegase a niveles que pusieran en riesgo el estado de los motores y del casco. Esto hizo que la tripulación no durmiera mas de 2 horas continuas durante las primeras 48 de horas.
Luego llegaron vientos calmos y se comenzó a disfrutar del paisaje. Vimos delfines, peces voladores y disfrutamos de noches estrelladas llenas de estrellas fugaces.
Cinco días luego de la partida desde Punta del Este, llegamos a la Bahia de Guanabara donde nos esperaba la gente del Iate Clube do Rio de Janeiro con su cordialidad habitual.
De nuestra travesía solo quedaban de testigos los colchones y frazadas que aún se secaban en la cubierta.
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